viernes, 12 de julio de 2013

La educación virtual en la Universidad

Con el título “Recalculando. La educación virtual en la Universidad”, UNSAM Digital organizó el pasado 4 de julio una jornada dedicada a reflexionar sobre los desafíos de la virtualización de la educación en el nivel superior, con expositores tales como Carina Lion, Débora Schneider, Marta Mena, Horacio Santángelo y María Teresa Lugo.

Columna en Radio Ahijuna Parte 1 (04/07/2013)

Columna en Radio Ahijuna Parte 2 (11/07/2013


El jueves 4 de julio participé con mucho interés de esta jornada dedicada a la educación virtual en la universidad. En las líneas que siguen destaco algunos de los aspectos que más me llamaron la atención y que tienen que ver con las preguntas que siempre nos hacemos acerca de las posibilidades y desafíos que nos traen las TIC a la enseñanza, en este caso particular, en el nivel superior.
                En primer lugar, uno de los temas recurrentes en tiempos de innovación tecnológica es hasta qué punto las herramientas están “corriendo” a la pedagogía. Hablando de modelos pedagógicos en la virtualidad, Horacio Santángelo (UNQUI, UTN) se preguntaba “¿El diseñador de sistemas de aprendizaje es el que debe diseñar un modelo de aprendizaje?”. En esto coincidía Carina Lion (UBA) cuando decía que “muchas veces los docentes piensan su propuesta didáctica de acuerdo a lo que ofrece el campus virtual”. Y en esto hay un dato llamativo, que aportó Débora Shneider (UNQUI) como fruto de un relevamiento a nivel nacional que hizo el año pasado la RUEDA (Red Universitaria de Educación a Distancia Argentina): el 80% de las universidades públicas que incorporaron oferta virtual (ya sea en grado, pregrado o posgrado y que alcanza al 90% de las universidades) utiliza una misma plataforma educativa: Moodle. Schneider sostuvo que si bien esta plataforma es adaptable a muchas situaciones, “ha delimitado las oportunidades de innovación: cuando un docente piensa su enseñanza virtual la arma en Moodle, no en la virtualidad”.
                Otro tema muy presente en la jornada fue el de las resistencias institucionales a la virtualización. Esta cuestión atraviesa varios aspectos: por un lado, lo que tiene que ver con la organización y las condiciones edilicias de las universidades. Al respecto, Schneider señalaba: “en la UNQUI –universidad pionera en enseñanza virtual en el país- las aulas virtuales tienen 50 estudiantes, ¿por qué?, porque las aulas presenciales tienen 50 estudiantes, ¿y por qué?, porque el arquitecto las diseñó así”. Por su parte, Marta Mena (UTN) sostuvo que hay quienes defienden “la sacralidad del aula presencial: cualquier modelo que ponga en cuestión esto tan central de la universidad como es el aula, provocará tensiones”, y en ese sentido afirmó que esto debe ser abordado desde las universidades con decisiones políticas. Asimismo, Mena afirmó que “el camino a la virtualización va a impactar en lo curricular”, porque “los docentes se sienten interpelados por sus alumnos” con este tema, pero aclaró: “no se trata sólo de incorporar una tecnología sino de repensar todo el plan curricular”.  
                Por otra parte, Mena y Schneider coincidieron que hace falta adecuar los marcos regulatorios para evaluar las iniciativas de educación virtual en las universidades (la 1717 de 2004 es la normativa actual). Schneider indicó en ese sentido que se deberían evaluar las universidades, y no las carreras. Esto es así ya que en nuestro país se trata en todos los casos de universidades bimodales (presenciales y virtuales a la vez). Dado que son instituciones de la bimodalidad, “son las instituciones las que piensan cómo garantizan la enseñanza y no las carreras”, sostuvo, y puntualizó que “los criterios no deben ser estandarizados con antelación, sino que hay que escuchar qué tiene para mostrar y explicar cada universidad”.
                Respecto de los cambios que se están dando en el proceso de enseñanza y aprendizaje, Carina Lion se preguntaba “¿cómo están aprendiendo los jóvenes hoy y cuál es el lugar de las tecnologías en esa experiencia?”, y en ese sentido sostuvo que “hay un aprender en la experimentalidad: los alumnos experimentan con las tecnologías más que nosotros, y esto nos debe dar un foco para revisar nuestros propios procesos docentes en la experimentalidad, de probar cosas con las tecnologías”, y comentó algunas experiencias de trabajo con “narrativas expresivas”.
                Por último, María Teresa Lugo (IIPE UNESCO) trazó un panorama somero sobre el estado de la cuestión de las políticas de innovación tecnológica en la educación, y sostuvo que “la mayoría de los países de Latinoamérica está teniendo programas de innovación tecnológica (no sólo Programas 1 a 1)”, y que algunas “racionalidades” prevalecen sobre otras a la hora de definir estas políticas: “muchas veces se ve exclusivamente del lado del mercado o las empresas tecnológicas –sostuvo, por ejemplo las denominadas competencias del siglo XXI se visualizan desde lo que necesita el mercado de trabajo, y no se ven tanto como habilidades para ser un ciudadano”. Finalmente, señaló que en la región hay una preocupación generalizada por la repitencia y la deserción, y sostuvo: “la mitad de los estudiantes que abandona el sistema educativo en Latinoamérica no lo hace por motivos de pobreza“, sino que hay una desconexión con lo contemporáneo, una falta de relevancia curricular de lo que enseñamos. Remarcó en ese sentido que “hay una brecha importante que es la brecha de expectativas entre lo que los estudiantes están esperando y lo que el sistema les está ofreciendo”, a la vez que “la brecha del acceso se está corriendo a la brecha del capital cognitivo para utilizar esas tecnologías, es decir, usos genuinos vinculados con la apropiación y conocimiento relevante”.


                Para cerrar, me quedo con las palabras de Santángelo cuando, citando al catedrático español César Coll, destacaba el caso de Finlandia por tener el mejor modelo educativo del mundo: “la transformación del sistema educativo finlandés –señalaba Coll- empezó hace 40 años”. En ese sentido, Santángelo destacó: “el rasgo clave de este modelo es el tiempo”. Entonces, cabe reflexionar que los cambios que estamos empezando a avizorar ahora son apenas una parte de un proceso que recién empieza. Necesitamos políticas sostenidas en el tiempo, medidas que apunten a la gradualidad y un estado de ánimo que aquiete sus ansiedades y apueste a que los verdaderos cambios se verán a largo plazo. 

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